25 de junio de 2012

Un elefante resfriado y un ratoncito preocupado

cuentos infantiles

En la selva más lejana del mundo pasean todos los días un pequeño ratoncito y un enorme elefante. El ratoncito va siempre sentado en la trompa del elefante y cuando llega la noche, se tumba y allí se duerme, y si tiene frío se hace una manta con los pelos de la trompa. Al elefante le encanta estar con el ratoncito, es muy gracioso, cuenta muchos chistes y le hace reír.

Una mañana, después de un día de lluvia en el que se habían calado ¡hasta los huesos! el elefante y el ratoncito empezaron su paseo matinal. Pero en seguida el elefante levantó muy alto la trompa  para dejarla caer rápidamente mientras estornudaba AAAACCHIIIISSSSSSS. Y el ratoncito cayó al suelo. Pero el elefante le recogió y le subió de nuevo a su trompa. Y siguieron paseando. Cinco minutos después volvió otro estornudo y el ratoncito acabó en el suelo de nuevo. El elefante le sentó rápidamente en la trompa, y le preguntó si se había hecho daño. Y siguieron paseando, pero después de otros cinco minutos AAAACHIIISSSSSS ¡otro estornudo del elefante! Y esta vez el ratoncito preocupado le dijo “¡no puedo volver a sentarme en tu trompa hasta que no se te pase el resfriado y dejes de estornudar!”

Entre los dos decidieron pedir consejo al zorro, el animal más listo de la selva. “La solución es fácil”, dijo el zorro, “el elefante debe de descansar, nada de paseos, y debe de beber mucha agua del río para que se le pase el resfriado”. Y el elefante así lo hizo, y en dos días dejó de estornudar.

Aunque, el ratoncito, pensando en que podía volver a resfriarse el elefante, decidió comprarle un regalo sorpresa ¡un impermeable! Si se lo ponía los días de lluvia, el elefante no volvería a resfriarse ni a estornudar y podría ir montado en su trompa sin peligro de caerse ¡Qué contento se iba a poner el elefante! ¡además había pensado un montón de chistes nuevos para todos los paseos que iban a dar!

Ilustración: Ana del Arenal



18 de junio de 2012

¡Patos al agua!

(También disponible como audiocuento)

cuentos infantiles
Los mellizos Tina y Leo se lo han pasado de miedo esta tarde en el parque. De vuelta a casa, mamá ha preparado el baño como todas las tardes. Tina y Leo se bañan juntos, ¡les encanta! Agua calentita, muchos juguetes… ¡y a chapotear!

Aunque mamá siempre les diga que tengan cuidado con tanto chapoteo, a Tina y Leo les gusta mucho que el agua salpique. Hoy, además, toca lavar el pelo. Así que después de enjabonarles todo el cuerpo, mamá les ha puesto champú en la cabeza. Primero a Leo y luego a Tina. Ha comenzado a frotar, y frotar, y frotar… hasta que se les ha llenado la cabeza de espuma.

- ¡Pareces una tarta!, le ha dicho Tina a Leo. Y los dos han empezado a reír a carcajadas.
- Papá, ven, soy una tarta!!

Papá ha entrado a toda velocidad en el baño para ver las cabezas de Tina y Leo convertidas en bonitas tartas de champú. Pero sin darse cuenta ha resbalado con el agua que había caído fuera de la bañera y se ha pegado un buen culetazo.

- ¿Estás bien?, ha preguntado mamá, un poco preocupada.
- Sí, tranquilos. ¡Tina y Leo han vuelto a llenarlo todo de agua! Oye, es verdad que parecéis dos tartas… Ahora no tengo dos niños, ¡tengo dos merengues gigantes!

Y todos han vuelto a estallar en risas. Papá se ha levantado del suelo y Leo le ha dicho “Papá, no queremos que te vuelvas a caer, intentaremos tener más cuidado con el agua”. “Eso está muy bien, Leo”, ha contestado papá. “¡Es una muy buena idea para una cabeza de merengue!”

Ilustración: Ana del Arenal

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11 de junio de 2012

El tiburón que aprendió a nadar


cuentos infantiles


Era un tiburón pequeño, de apenas unos meses, que veía con envidia cómo los tiburones grandes nadaban y se movían por el mar con mucha soltura. Él también quería ser como ellos, para hacer carreras con las tortugas de mar y poder bucear durante kilómetros y kilómetros.

Así que una noche decidió decirle a su abuelo tiburón que le enseñara a nadar.  Este le explicó, con mucha paciencia, que para poder nadar era necesario que su aleta y su cola crecieran un poco más. Pero el tiburón pequeño no quería esperar y tenía prisa por aprender a nadar, así que le insistió a su abuelo tiburón para que inventara una solución.

El abuelo le puso unas aletas y una cola hechas de algas y le enseñó los movimientos que tenía que hacer para poder nadar. El tiburón con el paso de los días consiguió nadar. Creía que gracias a sus aletas y cola de algas, pero en realidad era que había crecido ¡ya medía 6 metros! y que, como todos los tiburones, podía nadar veloz por el mar con sus aletas y cola de verdad. 

Ilustración: Ana del  Arenal

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4 de junio de 2012

Tina, Leo y las hormigas


cuentos infantiles

“¡Un bicho!”, Leo ha salido corriendo y ha dejado a Tina con la pelota en el jardín. Mamá ha salido para ver qué pasaba al oír los gritos.

- ¿Qué ocurre?
- Leo tiene un bicho en el pie y tiene miedo, le ha dicho Tina

Una hormiga estaba avanzando por el pie de Leo. La señalaba y seguía gritando “¡un bicho! ¡un bicho!”.
Mamá le ha quitado la hormiga del pie y ha cogido a los dos de la mano para enseñarles algo.
Antes de jugar con la pelota, Tina y Leo han merendado en el jardín y mamá les ha llevado a ver las migas que han quedado en la hierba. Leo le ha agarrado muy fuerte de la mano al ver que ahora estaba todo lleno de… ¡hormigas!

- Están recogiendo los restos de vuestros bocadillos. No tenéis que tener miedo, no os van a hacer nada.
- Pero son muy feas, ha dicho Leo.
- ¡Y muy trabajadoras! Mirad, ya casi no quedan migas.

Tina ha cogido una de las hormigas, que se ha puesto a pasear por su brazo. ¡Qué cosquillas! Al ver que no pasaba nada, Leo también ha querido coger una. “Cuidado”, ha dicho mamá, “no les hagáis daño”.

- ¿Y eso?
- Eso es una mariquita, ha explicado mamá al ver lo que Tina señalaba en una flor.
- Ese bicho me gusta más.
- Los bichos se llaman insectos y viven en el campo, en el parque, en los jardines… Son buenos para las flores y no hay que tenerles miedo, ha explicado mamá.

Bichos grandes y pequeños, bonitos y feos, ya no os tengo miedo!

Ilustración: Ana del Arenal

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