24 de septiembre de 2012

Dos gambas de cumpleaños


En un mar muy azul vivían dos gambas muy animadas a las que les gustaba mucho ir de cumpleaños.  Sobre todo les encantaba envolver los regalos que compraban con un bonito papel y ponerle un gran lazo de color.

Pero llegó un momento en el que tantos regalos hicieron que se quedaron sin dinero para poder comprar más regalos. Y entonces ya nos les gustaba ir a los cumpleaños porque ¡no había regalo qué envolver ni dónde poner un lazo!

Hasta que un día su mejor amigo, Langostino, les invitó a su fiesta de cumpleaños ¡No podían faltar! ¡Langostino cumplía 5 años! Y pensando pensando se les ocurrió hacerle un regalo especial, sin dinero pero con mucha imaginación.

Para ello, recogieron algas de muchos colores y de sus casas una gamba cogió una perla un poco vieja que la pintaron de verde y la otra una concha blanca que nadie utilizaba ya. Y con todo ello hicieron una bonita bandeja decorada ¡Con lo que le gustaban a Langostino las cosas para decorar!

Y contentas se fueron al cumpleaños. Y se dieron cuenta de que había sido el regalo que más había gustado de todos los que habían regalado, y que de ahora en adelante no necesitaban dinero para hacer regalos ¡solo imaginación y mucho cariño!

Y volvieron a ir a todos los cumpleaños y a celebrar también los medio cumpleaños y los casi cumpleaños ¡tenían un montón de ideas en la cabeza y querían hacer regalos todos los días!

Ilustración: Ana del Arenal

17 de septiembre de 2012

¡Desayuno en familia!

Hoy es domingo pero a Tina y Leo les gusta levantarse temprano. ¡Así tienen más tiempo para jugar!

Papá y mamá han tenido una idea: van a preparar el desayuno todos juntos. Mamá ha subido a Tina y Leo a una silla y le van a ayudar a preparar las tostadas mientras papá se encarga de la leche y el zumo.

Empieza el trabajo. Tina saca el pan del paquete y se lo da a Leo, que lo mete en la tostadora. Mamá aprieta el botón y un… dos… tres… ¡bang! Salta la primera tostada. ¡Ya tenemos una! Repiten una y otra vez hasta que hay tostadas para todos.

Ahora hay que prepararlas. Mamá le da a Tina un cuchillo especial que no corta para que unte la mantequilla y papá y Leo añaden la mermelada. Leo mete los dedos en el bote. ¡Qué rica está! Y le da a Tina para que también pruebe.

       - Tenéis toda la cara llena de mermelada!, dice mamá.
       - Son unas manchas muy ricas, dice Tina, que se está chupando los dedos.
       - Vamos, limpiaos la cara y vamos a desayunar.

Pero en lugar de hacer caso a mamá, Tina y Leo siguen jugando con la mermelada. De repente, Leo le da un codazo al bote y éste cae. “¡Todo el suelo está lleno de mermelada!”, mamá y papá no parecen muy contentos. “Tendremos que limpiarlo”.

Atila, el perro, aparece entonces por la puerta y empieza a dar grandes lametazos a la mermelada.

       - Atila está limpiando el suelo, dice Tina.
       - De buena os habéis librado, se ríe mamá. De todas maneras, espero que tengáis más cuidado y no juguéis de esa manera con la comida. Y ahora, todos a desayunar!

 
Ilustración: Ana del Arenal

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10 de septiembre de 2012

El rey rinoceronte



En una selva frondosa habían nombrado rey de la selva a ¡un rinoceronte! Le habían elegido por ser el más original y diferente, ya que era el único rinoceronte que se conocía sin cuerno.

Durante su reinado el rey rinoceronte hizo de la selva un lugar muy divertido en el que todos los animales aprendieron a nadar en el río, a comer ramas y raíces y a preparar sus cuevas y madrigueras para pasar el invierno.

Pero un otoño, el rey rinoceronte se levantó disgustado, algo le estaba creciendo justo encima de su nariz ¡parecía un cuerno! y si realmente era un cuerno significaba que iba a dejar de ser el rey de la selva y pasaría a ser un rinoceronte más.

Preocupado el rey rinoceronte fue a consultar a su tío, el gran rinoceronte, quien le explicó que se estaba convirtiendo en un animal adulto, y que por eso un cuerno empezaba a asomarse bajo su piel. Pero la respuesta no le quitó su preocupación y estuvo durante días y días pensando en una solución para seguir siendo el rey rinoceronte. Tenía que buscar una fórmula para disimular y que nadie se diera cuenta de que le había crecido el cuerno.

Y finalmente,  se le ocurrió una idea: convertir su cuerno en una corona de rey.  Solo tuvo que cubrirlo con pintura amarilla para que pareciera de oro, porque las coronas que él conocía eran todas de oro.

Y el truco funcionó. Cuando salió a pasear, los animales estaban encantados de que el rey de la selva llevara esa corona tan original. Y es que ¡era normal todos los reyes llevan corona! ¡Incluso en la selva!

Y así fue como el rinoceronte reinó durante muchos años. Aunque a los animales siempre les pareció un poco extraño que nunca se quitara esa corona amarilla… 

Ilustración: Ana del Arenal

Lee cuando quieras este cuento infantil sobre un rinoceronte



3 de septiembre de 2012

¡Vuelta al cole!


Hoy mamá no ha esperado a que Tina y Leo se levantaran solos. Ha entrado suavemente en la habitación y les ha despertado: “¡Arriba chicos! ¡Hoy toca volver a clase!”.

Los dos se han despertado de un salto, se han vestido con ayuda de mamá y han ido a la cocina a desayunar. “Tenéis que coger fuerzas, hoy va a ser un día emocionante”, les ha dicho mamá.

¡Y tanto! Tina y Leo estaban muy emocionados: tenían muchas ganas de volver a ver a sus amigos y de conocer a Tomás, su nuevo profesor. Así que después del desayuno, han comenzado a preparar sus mochilas: el estuche con las pinturas nuevas, el libro con las fichas y el cuaderno.

- ¿Y mi cuaderno? Máma, ¡no encuentro mi cuaderno!

Leo se ha puesto a buscar por todas partes, cada vez más preocupado. Tina y mamá le han ayudado, pero el cuaderno no aparecía… Hasta que Tina ha descubierto una pequeña esquina amarilla debajo de la cola de Atila, el perro de Tina y Leo, que también engullía su desayuno.

- Leo, ¡Atila se ha sentado sobre tu cuaderno!
- Atila, le ha regañado Leo, devuélveme mi cuaderno. ¡Los perros no van al colegio!

Leo estaba un poco enfadado, pero se le ha pasado al oír que mamá y Tina se echaban a reír por lo que acababa de decir.

“Ahora que los dos tenéis lista la mochila, vámonos”, ha dicho mamá, “no querréis llegar tarde a vuestro primer día de clase!”.

Ilustración: Ana del Arenal