26 de noviembre de 2012

El zorro aviador



Vivía en un bosque frondoso un zorro listo que todos los días se levantaba temprano para poder observar cómo los pájaros volaban por el cielo. Le encantaba su vuelo, sus giros en el aire y cómo descendían rápidamente en cuanto veían alguna miga de pan para poder comerla.

El zorro les contemplaba con un  casco de aviador en su cabeza. -“Por si acaso”- respondía cuando le preguntaban porqué lo llevaba. -“Por si acaso de repente empiezo a volar yo también”-, explicaba.

-“¡Vaya!”- pensaban el resto de animales, -“no se ha dado cuenta el zorro de que los animales que vuelan necesitan alas y él en cambio tiene patas”-. Y así se lo explicaron. Pero, el zorro, por si se habían equivocado los animales, hizo varios intentos de volar, agitando con mucha rapidez sus patas y la cola. Y como no lo conseguía decidió probar comiendo migas de pan, pensando en que ese era el secreto para poder volar como los pájaros.

Pero finalmente comprendió que, como ya le habían insistido los animales, nunca podría volar, porque no tenía alas.  Y como era listo, enseguida empezó a pensar en el montón de cosas que en cambio él sí era capaz de hacer. Como correr tanto tanto que parecía que estaba volando, y para eso sí que necesitaba el casco ¡no fuera a chocarse con algún árbol!

Ilustración: Ana del Arenal

19 de noviembre de 2012

De charco en charco

También disponible como audiocuento.


Hoy ha llovido todo el día. Como siempre, mamá esperaba a Tina y Leo en la parada del autobús. Leo ha sido el primero en bajar. No se ha dado cuenta de que había un gran charco justo donde terminaba la escalerilla y… ¡plas! ¡Ha metido todo el pie en el agua! Se le ha mojado el zapato, el calcetín… hasta un buen trozo de pantalón estaba empapado.

A Tina le ha parecido de lo más divertido. Como bajaba justo detrás de Leo, en cuanto mamá le ha ayudado a Leo a salir del charco, Tina ha saltado sobre él. ¡Cómo ha salpicado el agua! También se ha mojado los pies. Pero a mamá no le ha parecido tan divertido.

-          Tina, lo de Leo ha sido una faena, pero no se ha dado cuenta. Pero tú te has mojado a propósito… tendremos que ir a casa a cambiaros de ropa, porque si no cogeréis un buen resfriado.

Al llegar a casa, mamá les ha quitado la ropa que estaba mojada y les ha puesto el chubasquero, el gorro y las botas de lluvia. “Ya sé que os encanta saltar en los charcos, chicos, pero es mejor que lo hagáis cuando estéis bien equipados. ¡Como ahora!”, ha dicho mamá. Y Tina y Leo han salido a la calle para saltar de charco en charco.

Ilustración: Ana del Arenal

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12 de noviembre de 2012

Los tres cerditos y el lodo

También disponible como audiocuento.

Eran tres hermanos cerditos a quienes les gustaba mucho ir a la escuela. Tenían cada uno una mochila preciosa con su nombre, en la que guardaban su estuche, el cuaderno y un libro de lectura.

Se levantaban muy temprano por la mañana para desayunar una manzana muy madura, casi casi pocha, y un buen vaso de leche que bebían con una pajita haciendo mucho ruido.

Un día, volviendo de la escuela, pasaron delante de un gran charco lleno de lodo. Con lo que les gustaba a ellos bañarse en el lodo, no lo dudaron, se quitaron las mochilas y saltaron al charco a la de una, a las dos y a las tres. Jugaron durante horas y horas, manchándose de lodo.

Cuando empezó a atardecer y casi ya no quedaba lodo en el charco, se dieron cuenta de que se había hecho muy tarde y de que sus padres estarían preocupados en casa esperándoles. Debían de pensar en alguna excusa para explicar porqué llegaban tan tarde a casa.

Por el camino fueron discutiendo. El mayor decía que podían inventarse que les había entretenido un lobo por el camino, el mediano que  se había roto el puente por el que siempre pasaban para llegar a casa y el pequeño dijo que lo mejor era decir la verdad.

Y cuando llegaron a casa, sin pensarlo, les contaron a sus padres lo bien que se lo habían pasado jugando en el lodo y que por eso se les había hecho tarde. Y como al papa cerdo y a la mamá cerda también les encantaba el lodo, les preguntaron dónde estaba ese hermoso charco ¡para ir todos juntos a darse un chapuzón!

Ilustración: Ana del Arenal

5 de noviembre de 2012

Un bebé chiquitín



Esta tarde han venido a merendar la tía Marta y el tío Luis con Pablo, el bebé que acaba de nacer. Tina y Leo tenían muchas ganas de conocer a su primo. Han sacado todos sus juguetes para que Pablo pueda jugar con ellos.

¡Pablo es muy chiquitín! La tía Marta no quería dejarlo en el suelo, así que Tina y Leo le han acercado los juguetes para que pudiera divertirse un rato. Pero ni siquiera sabía cogerlos. En lugar de jugar, se ha puesto a llorar. Tina y Leo estaban un poco decepcionados…

-          ¿Por qué no le gustan nuestros juguetes?, ha preguntado Tina
-          Aún es muy pequeño, ha explicado papá. Cuando vosotros nacisteis, tampoco os gustaban.
-          Pero es muy aburrido, sólo llora, ha dicho Leo.
-          Ahora tenemos que cuidarle. Darle de comer, ayudarle a dormir… para que pueda crecer y aprenda a jugar, a andar… hasta a correr! Como habéis hecho vosotros, ha contado la tía Marta mientras le ponía el chupete para que se calmara. Al tío Luis y a mí nos encantaría que Pablo fuera un niño tan majo como vosotros.

Leo se ha acercado a Pablo para darle un beso. “¡Huele muy mal!”. “Vaya, igual podéis ayudar a la tía a cambiarle el pañal. ¡Esa es una parte muy importante de cuidar al bebé!”, ha dicho mamá.

Mientras le ponían un pañal limpio a Pablo, Tina y Leo han pedido a papá que les contara cómo eran ellos de pequeños. “Erais unos bebés encantadores. Usabais chupete y llevabais pañal, como Pablo. Poco a poco os fuisteis haciendo mayores y dejasteis de lado el chupete y aprendisteis a ir solos al baño. Hacerse mayor es muy divertido. Cada vez podéis hacer más cosas y jugar a más juegos!”.

Ilustración: Ana del Arenal