25 de marzo de 2013

Tina, Leo y los huevos de Pascua



¡Por fin ha llegado Pascua! A Tina y Leo les gusta mucho esta fiesta. Empiezan pintando los huevos para decorar la casa y después buscan los huevos de chocolate que papá y mamá esconden en el jardín… ¡y que están buenísimos!

Así que se han puesto las batas del cole y han cogido un pincel cada uno. Tina ha empezado a pintar un huevo rojo con puntos verdes, Leo uno amarillo con rayas naranjas… Papá y mamá les han ayudado. Después de un rato de pintura, tenían un montón de huevos!

Una vez que la pintura se ha secado, los han colocado por toda la casa. ¡Qué bonito ha quedado toda llena de colores!

Entonces ha llegado el momento de comenzar con la parte más dulce de la fiesta.

          - ¿Queréis huevos de chocolate?, ha preguntado papá
          - ¡Síííí! ¡Síííí!, han gritado los mellizos.
          - Tenéis cuatro huevos cada uno, todos escondidos en el jardín. ¡Que empiece la búsqueda!

Tina y Leo han comenzado a revisar locos de emoción cada rincón de jardín. Y han ido encontrando un huevo… dos huevos… Al cabo de un rato tenían tres huevos cada uno, pero ni rastro de los que faltaban. “Creo que necesitáis que Atila os eche una mano”, ha sugerido papá.

“¿Pero dónde está Atila?”, ha preguntado Leo.

“¡Se está comiendo los huevos!”, ha gritado Tina.

Ahí estaba Atila, al fondo del jardín, relamiéndose y con los bigotes llenos de chocolate. Los mellizos han corrido hacia él y Atila ha empezado a jugar con ellos. ¡Han acabado todos llenos de chocolate!

Ilustración: Ana del Arenal

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18 de marzo de 2013

La cebra pintora


Había una cebra muy alegre que todas las mañanas se pintaba sus rayas de los colores del arcoiris. Decía que no quería ser una cebra triste, blanca y negra, que quería ser alegre y bonita como el arcoiris. Así que después de desayunar, con mucha paciencia, pintaba una a una sus rayas de amarillo, naranja, verde, azul, morado…

Y por la noche, antes de irse a dormir, se daba un baño largo en el río para quitarse la pintura, y recuperar sus colores blanco y negro.

Una noche, su amiga la liebre le vio mientras se bañaba y descubrió que su amiga en realidad no tenía rayas de colores.

-¿Y por qué te pintas las rayas?
-Porque quiero ser bonita como el arcoiris y no aburrida como el blanco y el negro.
-Estás confundida, el blanco y el negro son también colores bonitos. Mira lo dulce que es la música de un piano con sus teclas blancas y negras, o cómo ilumina la luz blanca de la luna llena, o lo divertida que es la chistera negra del mago, o la nieve blanca ¡y el chocolate negro!

Lo que le dijo su amiga la liebre le dio qué pensar a la cebra. Realmente había cosas blancas y negras que eran hermosas. Y si ella tenía rayas blancas y negras también podía serlo. Así que decidió dejar de pintarse y ser blanca y negra y ¡llamarse la cebra piano!, porque su piel se parecía al teclado de un piano. Y tanto le gustó la idea que hasta se pintó algunos de sus dientes de color negro. Y su amiga la liebre le decía:

- ¡Está claro que lo que tú querías era pintarte de todas formas! ¡en lugar de la cebra piano, te deberías de llamar la cebra pintora!

Ilustración: Ana del Arenal

Lee cuando quieras este cuento infantil sobre una cebra

11 de marzo de 2013

Tina y Leo, grandes músicos

Lleva toda la tarde lloviendo y Tina y Leo están muy aburridos en casa. Han hecho varios puzzles, han pintado un dibujo… pero parece que la lluvia no parará nunca. También Atila, el perro, parece aburrido y está en su cesta, sin ganas de jugar con los mellizos.

Papá se ha dado cuenta de la situación y ha tenido una idea. “¿Qué os parece si hacemos una orquesta casera?”. Tina y Leo no saben lo que es una orquesta, pero la idea ha sonado interesante.
“Una orquesta es un grupo de personas que tocan diferentes instrumentos”, ha explicado papá. “Además, nosotros vamos a fabricar nuestros propios instrumentos”.

Mamá ha traído varias cucharas. Ha vaciado la botella de zumo en dos vasos, uno para Tina y otro para Leo, y la ha dejado sobre la mesa. Luego ha cogido el bote del cacao del desayuno. “¡Creo que ya tenemos todo lo necesario!”.

Tina y Leo miraban a papá y mamá sin entender nada. Papá le ha dado a Tina la botella de zumo y una de las cucharas. “Ahora, Tina, golpea suavemente la cuchara contra la botella de cristal. Verás qué sonido tan bonito”.

¡Tiiiin! ¡Tiiiin!

“Ahora tu turno, Leo. Tú tocarás el tambor. Coge el bote de cacao, y golpéalo con estas dos cucharas”.

¡Pom, pom, popopom!

          - Muy bien, ha continuado papá. Yo tocaré mi vieja armónica y mamá cantará. ¿Con qué canción comenzamos?
          - ¡Con “cucú cantaba la rana”!, Leo ha pedido rápidamente su canción favorita.
          - Vamos allá. ¡Una, dos y tres!

“Cucú, cantaba la rana…”.

Ilustración: Ana del Arenal

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4 de marzo de 2013

Estego el dinosaurio



Estego era un dinosaurio, un estegosaurio que vivía en la selva con el resto de animales. Era amigo de todos ellos y era mucho más grande.

A los animales les gustaba ir a la guarida de Estego a jugar, y se reían y divertían hasta que anochecía y cada uno regresaba a su cueva, árbol o madriguera.

Pero a veces no era tan divertido jugar con Estego, porque cuando perdía en algún juego se enfadaba y gritaba muy alto y asustaba a sus amigos los animales. Y la verdad es que empezaban a estar ya un poco hartos de que Estego se enfadara tanto.

Entonces decidieron dejarle ganar en todos los juegos. Y así se convirtió en el primero en las carreras, el primero en llegar al río, en subir a un árbol y en esconderse.

Lo que pasó es que poco a poco los animales dejaron de jugar con él, porque no era tan divertido, faltaba la emoción de saber quién iba a ganar en cada juego, ¡siempre le dejaban ganar a Estego! Y hasta el mismo Estego se aburría. ¡Ya no quería seguir ganando siempre, aunque no quería perder tampoco!

Así que tomó la decisión de ser árbitro en los juegos. Así no iba a ganar ni a perder, y podría dedicarse a poner un poco de orden en los juegos. ¡Qué buena idea!, pensaron los animales. ¡Nunca habían tenido un árbitro! ¡Y además Estego sabía silbar muy fuerte! ¡Y con lo grande que era iba a poder ver muy bien a todos los animales mientras jugaban!

Ilustración: Ana del Arenal
Lee cuando quieras este cuento infantil sobre un dinosaurio