La araña patosa


Cuento de una araña que aprendió a tejer
Dibujo: Ana del Arenal


Érase una vez una arañita que tejía telarañas desde la mañana hasta la noche. Con sus largos hilos iba haciéndolas hasta que una de sus 8 patas se enganchaba y estropeaba su trabajo. “Qué patosa soy”, pensaba entonces. Y volvía a empezar una nueva telaraña con mucho cuidado para no romperla.

El caso es que nunca conseguía terminar una. Aunque tampoco le preocupaba mucho. Su hermana mayor siempre compartía con ella las presas que cazaba en sus telarañas.  Pero un día su hermana se puso enferma y no pudo tejer, y se quedaron sin insectos para comer.

-Tienes que intentar hacer tú una telaraña- le decía su hermana.
-¡Pero es que siempre meto la pata!- respondía la arañita nerviosa.

Sin embargo, decidieron intentarlo. Y para conseguirlo, mientras tejía la arañita, su hermana mayor le vigilaba y avisaba cuando una de sus patas se iba a enganchar.  

-¡Cuidado con la pata 7!
- ¡Cuidado con la pata 3!
-¡No metas la pata 2!


Y a pesar de tanto jaleo de patas y números la arañita terminó su primera telaraña sin meter ninguna pata. Pero en lugar de tener la forma habitual, salió con forma de número 3. ¡Qué chulada de telaraña! Y continúo haciendo telarañas con forma del resto de números: 4, 5, 6, 7... y sin darse cuenta aprendió a hacer telarañas y nunca más volvió a ser una araña patosa.   


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